Susurros de vida

EL INSTANTE, EL SEGUNDO Y LA BREVEDAD QUE NOS RECUERDAN QUE LA VIDA ES UN LINDO REGALO

Nuevos estímulos noviembre 17, 2010

Filed under: Sin categoría — susurrosdevida @ 10:16 am

Cuando sinceramos los padecimientos, dejamos de suponer que podemos y nos despojamos de esa especie de capa de superpoderes que en retrospectiva mucho aleja a la versatilidad. Cuando ya no somos nosotros sino esa energía tácita que nace desde lo más profundo lo que asume lo inevitable, los compromisos ineludibles, lo que otros no pueden hacer por tí, lo que lleva tu crédito más allá de las letras que sostienen tu nombre. Cuando el cuerpo avisa y avisa el inicio del colapso, en ese instante sólo queda atender a los neurotransmisores… que es como atender la compuerta que ya únicamente da paso al sistema nervioso central despojado de defensas.

En ese punto podemos mirar hacia atrás y entender que todo lo que hemos hecho para desgastarnos ha sido por voluntad y por resistencia… aunque ahora sea tiempo de remojo. Incluso la parte más cuerda que todos tenemos puede hacerse la pregunta… ¿Por qué y cómo llegaste a consumir todas las reservas de energía? Sólo allí en ese punto comprendemos que seguir, cuando no se tiene opción, simplemente es el camino que expande el padecimiento (uno o varios)… y parar de pronto sea lo más indicado, pero en la voz de una abuela o una madre seguramente esto suene más a regaño y hasta exageración. Aunque no sea así.

Más temprano que tarde comenzamos a darnos golpes con esos valores que se detallan minuciosamente tras un examen de sangre y entonces compruebas lo que no sabes o sentías. Esto de atenderse es un salto en el vacío, genera la misma sensación de vértigo que el equilibrio en las alturas mientras se pende de un hilo. Y no me refiero a sutilezas, pendejadas que a fin de cuentas se resumen en “he sido” o “soy” de tal o cual manera. Me refiero incluso al encuentro con lo que ni se quiere escuchar, esa parte incómoda que convive junto a nosotros, eso que nos da y nos quita el sueño, de todo un poco.

Llegar hasta aquí no ha sido ningún acto de valentía sino la voz de la supervivencia, aunque mal aprendida. Llegar hasta aquí y reconocerme con tantos valores alterados me hace parte de esa ecología del alma a la que me he referido antes en este espacio. Es decir, si hay dolencias allá afuera por qué no tenerlas aquí adentro? Pero el tiempo se comporta de manera diferente para la acción y la reacción. Lo más fácil es contaminarnos y lo más tenaz es recomponerlo. Qué bueno que a pesar de mi tensión bajita sigo despierta y así, poco a poco seguir en el tránsito que estimulará a los neurotransmisores a volver al equilibrio en ese rango de acción que siempre tiene valores intermedios y no equidistantes que se aproximen más a otra norma que no quiera cumplir.

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