Susurros de vida

EL INSTANTE, EL SEGUNDO Y LA BREVEDAD QUE NOS RECUERDAN QUE LA VIDA ES UN LINDO REGALO

Puesto 26H septiembre 4, 2010

Filed under: Sin categoría — susurrosdevida @ 12:05 pm

No hablaba nada de inglés. Era uno de esos españoles tan típicos que incluso al escuchar que el personal del avión se intentaba comunicar con él, exigía la presencia de alguien que hablara español para él. Sentado, ya se notaba que era alto. Comentó que tenía la costumbre de comprar sus pasajes con anterioridad y específicamente en la fila H porque era el único puesto que le permitía estirar sus piernas. Podía ser en la ventana, pero prefería el pasillo. De manera que las opciones de cientos de puestos se reducían a pocas butacas, en clase económica. Y el cambio de las normas lo sorprendió en esa oportunidad. El manual de vuelo advertía que no podían viajar en ese asiento, cercano a la salida de emergencia, personas que no se pudieran comunicar efectivamente con el personal a bordo en inglés. El puesto 26H reservado desde hace meses para ese viaje tenía lo que todo en la vida: lo favorable de la comodidad para sus piernas y lo infortunado de la presencia de aquella salida de emergencia. “Quiero que me comprenda, no puedo estar 9 horas de vuelo en otro asiento que no sea éste, porque tengo las piernas muy largas”, decía cada vez más desesperado el español. “Todas las personas deben hablar al menos un mínimo de inglés”, repetía el encargado de la tripulación. Aunque el problema haya comenzado antes, mucho antes, cuando él pidió a su secretaria que le comprara el pasaje en aquel avión y los manuales de la aerolínea no contemplaran la pregunta: – ¿La persona que va a viajar habla inglés? ¿Cuántos metros mide? Las dos variables: altura y lugar pertenecían a diferentes dimensiones, como si en un mundo de altos no existiesen medios de transporte disponibles para la comodidad y como si en el mundo de las butacas bilingües no existiera la posibilidad de sentar a un español absoluto. La solución: El español debió cambiar de puesto para el despegue y el aterrizaje, su puesto lo ocupó un joven de mediana estatura que hablaba inglés, alemán y español. Luego, a los pocos minutos de vuelo, cada uno retornaba a sus butacas originales y santo remedio, el español pudo estirar sus piernas y el personal a bordo (como todos) cruzamos los dedos para no usar aquella salida de emergencia.

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