Susurros de vida

EL INSTANTE, EL SEGUNDO Y LA BREVEDAD QUE NOS RECUERDAN QUE LA VIDA ES UN LINDO REGALO

Primer año noviembre 29, 2009

Filed under: Sin categoría — susurrosdevida @ 1:47 pm

De aquel primer baile tenemos un recuerdo que hoy tiene una historia… me alegra saber que soy una de las protagonistas. Miro hacia atrás, no sé si por buena o mala costumbre y admiro todo lo que hemos superado. Esto de crecer de a dos lo decidimos no sé ni qué día, pero fue antes de estas fechas. A la luz de este momento en que parece que nos entendemos… disculpa mi sinceridad… pero también pienso aliviada en que no he perdido todo mi tiempo. Gracias a ti por soportarme, sé que no soy ningún terroncito de azúcar las 24 horas del día. Podemos seguir… juntos.

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Bienvenido Santa Rosa noviembre 26, 2009

Filed under: Papiros amorosos y otras letras — susurrosdevida @ 8:54 pm

No podré ir a tu concierto pero sí recordaré durante el fin de semana cada una de tus canciones. Dejo por aquí una viaja, vieja, vieja pero buena, buena, buena. Ese coro vale oroooo!! Gracias por una canción así!

‘ LA CONCIENCIA ‘ 
 
Ella tiene la magia
de un instante de amor
y su mirada un toque de misterio
cuando ella llega siempre
suelo perder el control
y vuelvo a ser el mismo si la beso
la conciencia me dice que no la debo querer
y el corazón me grita que si debo
la conciencia me frena cuando la voy a tener
y el corazón me empuja hasta el infierno,
al abismo dulce y tierno de sus besos

Cuando se aferra un querer al corazón
y la conciencia no tiene la razón
no valen los consejos
cuando se prueba del fruto del querer
cuando se aprende a sentir más de una vez
no queda más remedio
que darle cielo y alas al amor
y hacer de lo difícil lo más bello

La conciencia me dice la debo olvidar
y el corazón me grita que no puedo
la conciencia no sabe
que no se puede hacer mas
cuando te vuelves preso de unos besos,
de un te quiero del deseo del corazón

Cuando se aferra un querer al corazón
y la conciencia no tiene la razón
no valen los consejos
cuando se prueba del fruto del querer
cuando se aprende a sentir más de una vez
no queda más remedio
que darle cielo y alas al amor
y hacer de lo difícil lo más bello

(me dice el corazón)
que la quiere y me entregue sin condición
(pero me grita la conciencia)
que lo que se bien que no cometa esa imprudencia
(me dice el corazón)
olvidar es mejor la pasada experiencia
(pero me grita la conciencia)
peligro, cuidado utiliza la razón
(me dice el corazón)
no pierdas por nada esta ocasión
(pero me grita la conciencia)
equivocarte de nuevo no puede ser coincidencia

(me dice el corazón)
dale el paso al amor que esta tocando tu puerta
(pero me grita la conciencia)
te va a hacer llorar te va a hacer sufrir traerá decepción
(me dice el corazón)
ríndete que el amor te venció
(pero me grita la conciencia)
parece pero no es eso pasa con frecuencia

me dice el corazón que debo quererla
(pero me grita la conciencia)
que no es hora de querer no hace falta una desilusión
(me dice el corazón)
que no se puede querer con inteligencia
(pero me grita la conciencia)
que no se ponen de acuerdo la conciencia y la razón

 

En equilibrio noviembre 25, 2009

Filed under: Sin categoría — susurrosdevida @ 7:37 pm

Se escucha de fondo “Caminos verdes” de Rubén Blades. En el escenario se dibuja la silueta de una montaña que desde el norte y el sur, extiende su particular encanto de cobija. Hoy siento que nací en el lugar, momento y día indicado. ¡Qué bueno! además de gratificante es sentir que la piel se eriza mientras hago esta afirmación. Un buen día te levantas con el pie derecho y recibes un poco de lo que has dado a manos llenas en el trayecto de la vida, sea corto o ya muy bien recorrido. Dicen que lo mismo ocurre al momento de dar a luz, el dolor se disipa cuando aparecen los seres esenciales y un ejército de parches acuden a borrar alguno que otro derrame que se haya tenido. Suena una trompeta, la música llena los espacios de esta casa llena de sueños, de colores, de luz. Hoy la brisa llega hasta mi piso, qué suerte sentir que el oxígeno todavía me acompaña. Mañana posiblemente otro sea el cuento pero es importante recordar que hoy recibí de la vida un día inolvidable por ese mix tan imprescindible de alegrías, muebles nuevos, sonrisas, abrazo de María, aquella vista al mar, carretera en búsqueda de cuentos, besos y más. Debo salir, el día no termina aún pero hasta ahora el balance no perderá este equilibrio.

 

Mi Lucía noviembre 24, 2009

Filed under: Sin categoría — susurrosdevida @ 4:10 pm

Un fin de semana es suficiente para reunir nueva información sobre mi Lucía… mi abuela. Pienso con gusto y por supuesto sonrisas lo acertada que fue mamá al dejar que éste fuera mi segundo nombre. Me hace gracia entender que ese Lucía tiene sus cosas, que tengo cosas de ese Lucía, que obviamente no se ha heredado sino por la genética pero hoy todo (o parte) se resume en un nombre. Mi Lucía cumplió 78 años y ha sido un gusto verla apagar las velas nuevamente, mientras los nietos más pequeños cantan el tradicional cumpleaños a su manera, con una torta tan grande que incluso alcanza para los familiares ausentes y con alegría. Sobre todas las cosas, sobre todas las circunstancias que le ha tocado vivir, en medio de la faena de traer al mundo a cinco hijos, mi Carmen Lucía es un ser alegre. Su alegría no siempre se nota al verla por primera vez, si volteas rápidamente hasta se podría pensar que es un ser amargado, jajajaajajaa, nada más lejos de la realidad, pero… por qué nos tenemos que estar riendo con todo el mundo? En esa seriedad que se manifiesta en muchas de sus arrugas normalmente se traza el camino hacia conjeturas, pensamientos o una que otra hipótesis de la relación que pueda tener un sueño con la realidad. La mayoría de las veces recuerda lo que sueña y si no tiene a nadie al lado al momento de despertarse, a la primera llamada que recibe aprovecha para desatar sin freno un buen cuento.

 

Lucía nunca habla de mi abuelo, nunca en todo el tiempo que se ha intentado el interrogatorio se ha logrado el objetivo, de ninguna manera o por lo menos hasta ahora no ha sido posible conocer nada sobre ese amor. Dicen que hasta la fecha posiblemente esté celosa de que todo el mundo lo creyera más cariñoso que ella. Posiblemente algo sea cierto… porque es desde aproximadamente diez años que mi Lucía abraza con ganas y le cae a besos a sus nietos…sobre todo con los grandes, que ya han aprendido las normas y a comportarse. Desde que tiene memoria cuida de la salud de todos los que están a su cargo, de los vecinos y de cualquiera que esté cerca. Por supuesto ya se hizo su chequeo médico de fin de año y todos los valores están bien. Nació en un pueblo que colinda con montañas en la zona sur del estado Carabobo y desde allí, sin ponerle atención a su entorno sino aprovechando cada instante y cada circunstancia logró ser una persona reconocida que con mucho esfuerzo fue a la ciudad e inculcó a sus hijos costumbres que hoy siguen vigentes.

 

Sus manos han pasado por muchos oficios pero sobre todas las cosas puede decirse que la coquetería la llevó a ser modista, imposible salir de la casa sino bien arreglada. Creo que de esos años más duros, cuando fue hija única en un pueblo bárbaro y tenaz, viene la génesis de su carácter. A Lucía no le tiembla ni un poquito la voz para dar a conocer su punto de vista, para manifestar cuando está triste, alegre o molesta. Y hasta el fin de semana pasado le dejaba claro a sus nietos más pequeños que no estaba interesada en que le llevaran gente a la casa, para que la conocieran. De ese no jugar con nadie en casa, excepto con sus cosas que eran todas las cosas, posiblemente se haya instaurado en ella (y de manera consecuente en otras  generaciones) un cierto culto, respeto y recelo por la soledad. Ese instante donde solo la conciencia acompaña y ya todo parece alcanzar un clímax insólito, sin quejas, sin que signifique que se quiera permanecer así, solo, toda la vida… pero si gran parte de la vida. Lucía ha cultivado tanto su espacio que se conoce hasta la manera de quitarse las mañas. Es una justiciera, más allá de todo siempre está pendiente de que las cuentas queden saldadas en el tiempo preciso, sin forzar nada, pero que se haga justicia.

 

 

Últimamente la vista le tiene reducido el espectro de colores y ya es una verdad que extraña el color azul… aunque siempre tiene tanta esperanza que es capaz de decir: “Yo te llamo cuando ya comience a ver el azul”. La pobre ha tenido glaucoma, catarata y un montón de obstáculos para ver la luz con todos sus detalles y sombras… pero ahí sigue luchando con su tratamiento. Si bien quedaron atrás los días en que manejó hasta camiones, enseñó a los perros a cazar gallinas, vio gallos morir de amor y hasta mató culebras… la posibilidad de tener por algunas horas la bendición de su mente lúcida es uno de los mejores regalos que todavía me da la vida. ¡Cumple más años Lucía para seguir conociéndome!

 

Ocurrió otro eclipse noviembre 23, 2009

Filed under: Papiros amorosos y otras letras — susurrosdevida @ 1:00 am

La luna del domingo se sonreía con la vida

y al día siguiente, a la luz del sol de la 1:00 de la tarde,

hubo una fusión de caricias inolvidables.

Quiso la vida que continuaran esas sonrisas

esta vez en compañía.

¿Quiénes mejor que ellos conocen de distancias?

 

Bien dicho Barrera Tyszka! noviembre 20, 2009

Filed under: Papiros amorosos y otras letras — susurrosdevida @ 2:15 pm

Dejo por aquí unas letras interesantes que conseguí en el periódico del fin de semana pasado y no había compartido… luego de leerlas me alegra hasta el hecho de no saber hacer café porque todavía tengo un motivo para reunirme fuera de casa, ver personalmente y hablar sin nada digital de por medio…

Twitter

La realidad se nos presenta como un delirio incontrolable, que cada vez nos acorrala más. Ya no es sólo la radio. Ya no es sólo la televisión. Ya ni siquiera es suficiente Internet. Alberto Barrera Tyszka/ abarrera60@gmail.com 

 

Me invitaron a conversar con un grupo de comunicadores y periodistas que lidiaban con todo el rollo de las nuevas tecnologías en la biosfera hiperdigital. Al menos, algo así entendí. El que menos pujaba, pujaba un blog. La cita era un sábado y se suponía que yo debía hablar desde la experiencia de la escritura, de los tropiezos y de hallazgos que puede tener cualquiera en la faena de andar cazando lectores. A los dos minutos de comenzar a hablar noté algo extraño en el auditorio. Casi todos los presentes miraban sus manos, luego dirigían sus pupilas hacia una pantalla que estaba a mis espaldas, a veces me miraban a mí. Todo a gran velocidad. Como si sus pupilas practicaran una rara gimnasia del rebote que yo, hasta ese momento, desconocía. Empuñaban sus celulares o Blackberrys. Sus dedos se movían a gran velocidad. De pronto me sentí parte de un videojuego que no entendía. Temí que un packman postmoderno pudiera devorarme.

 

Cuando pregunté qué estaba pasando, con absoluta naturalidad me explicaron que estaban “tuiteando”. Tampoco soy una víctima inocente de las nuevas tecnologías. Yo sabía perfectamente qué es el Twitter. Pero sí desconocía su alcance, la fiesta que puede producir en colectivo. Casi es una orgía swinger de la virtualidad. Un todos contra todos pero en plan de ¡viva la eyaculación precoz! Las cosas van más o menos así: mientras yo hablaba, los participantes me escuchaban pero, al mismo tiempo, iban escribiendo algún comentario, reproduciendo una frase, opinando o cuestionado incluso lo que yo podía decir o dejar de decir. Al mismo tiempo, también, mandaban esos mensajes a la comunidad Twitter, entre quienes estaba una computadora, que a su vez, también al mismo tiempo, proyectaba todo eso en la pantalla que yo tenía a mis espaldas. Es decir que, mientras me escuchaban, mientas pensaban y articulaban opiniones sobre lo que yo decía, mientras escribían y mandaban esas opiniones, también leían los otros comentarios que iban, a la misma velocidad, apareciendo en la pantalla. El síndrome de déficit de atención, de repente, se había convertido en una virtud.

 

Dice el diccionario favorito de los internautas que el Twitter es un “servicio gratuito que permite a sus usuarios enviar micro entradas basadas en un texto de una longitud máxima de 140 caracteres”. Por lo que sé, genera un tipo de dinámica más libre e independiente que otros sistemas que se promueven en la Web. Uno puede decidir y controlar su uso y las relaciones que mantiene, los mensajes que desea consumir.

 

No dudo, además, que Twitter tenga una eficacia importante, que pueda democratizar y hacer circular la comunicación, que con el tiempo logre tener consecuencias decisivas a favor del poder ciudadano… pero también hay algo que me incomoda, que enciende mi íntimo sistema de alarma ante un nuevo síntoma de la ansiedad informativa. La realidad se nos presenta como un delirio incontrolable, que cada vez nos acorrala más. Ya no es sólo la radio. Ya no es sólo la televisión. Ya ni siquiera es suficiente Internet. Ya está aquí lo último en realidad: rápido y letal. Con muy pocas palabras, usted puede seguir desde dentro la historia, minuto a minuto. Venga ya. Únase a nosotros. Vivir sin Twitter es perder. Vivir sin Twitter es vivir a medias.

 

Presiento que todas estas dinámicas están desarrollando una nueva noción de lo útil que, tarde o temprano, pueden secuestrar también uno de los más grandes logros de la humanidad: el ocio. Basta ver a lo lejos una sesión de café entre varios amigos donde, repentinamente, todos se arman con sus teléfonos y entran en estado de realidad: son tomados por la supuesta noticia de última hora. Todo lo demás se desliza a un segundo plano. La tertulia pasa a ser un decorado de esa historia que ya siempre está cerca, imponiendo su mayúscula sobre el resto de la vida.

 

Todo lo que sea estar “desconectados” tal vez termine no teniendo ningún sentido. Ionesco pensaba que quien no puede entender la utilidad de lo inútil, no puede entender el arte. No estoy proponiendo una batalla entre el alma y Twitter. Tanto sólo trato de manosear algunas dudas sobre la mesa del domingo. Tanto sólo pienso en el simple y noble derecho a no saber.

Una amiga piensa que todo forma parte de lo mismo: el año que viene cumpliré 50. “Estás comenzando a tener vainas de viejo”, dice. Sin ninguna piedad. Cree que por eso no tengo cuenta en Facebook y ahora me pongo a buscarle cuatro patas a Twitter. Algo voy a tener qué hacer, entonces, antes de que un día me encuentre frente al espejo y empiece a sentir que estoy mirando una nostalgia.

 

Buscando el modo noviembre 18, 2009

Filed under: Sin categoría — susurrosdevida @ 6:46 pm

Una gaita de furro porque está cerca Navidad, porque no todo el mundo se detiene a leer las letras de las canciones, porque sin dudas hay ánimo en estas líneas, porque es bueno buscar melodías para detener las tristezas e incongruencias de la vida, porque a veces necesitamos de otros para entender lo que somos, porque quiero mejores días para mis seres queridos, porque están dentro de nosotros la mayoría de las respuestas que buscamos allá afuera, porque es bueno pedir ayuda a tiempo, porque es sano poner punto final a las agonías y reinventarse, porque no todo es fácil en el ascenso al cielo, porque la espera debe ser un motivo más de vida, porque está dedicada a ciertas personas que nuevamente están entre líneas y especialmente a mi hermana querida… Ojalá sea domingo para todos.

BUSCANDO EL MODO

Cuando parece que debes luchar por siempre solo
Cuando amanece y la desilusión no se quiere marchar
Cuando la vida tiene reveses que no logramos asimilar
Cuando las cosas que más te gustan te estristecen

Date una vuelta mira la ciudad aunque no quieras
en cualquier cuadra rellena de gente puedes observar
Mira los rostros, siente los cuerpos, cada quien sigue su actividad
el mundo gira la vida allí no se detiene

Cruzar la calle, volverlo a intentar de nuevo todo
bajar la guardia, reirnos un poco nunca cae mal
pues la tristeza tiene su ritmo con tu sonrisa puedo cambiar
dejar las penas bailando solas nos combiene

Somos distintos y a veces no sé si diferentes
y me pregunto como este enredo puede funcionar
cuando te miro vuelvo al principio aún guardo el gusto en el paladar
debo insistir con jugar, tu verbo me sostiene

El que lo quiere vivir,
lo intenta todo
y finalmente lo ve llegar
y encuentra el modo
de en una noche
darle a su vida
esa razón, bendición, delirio que le inspira.

Letra: Raúl Abzueta
Gaita de furro