Susurros de vida

EL INSTANTE, EL SEGUNDO Y LA BREVEDAD QUE NOS RECUERDAN QUE LA VIDA ES UN LINDO REGALO

Ticket 70575 Fila I Número 24 julio 8, 2009

Filed under: Sin categoría — susurrosdevida @ 3:09 pm

(La versión completa del escrito de Antonio Costante que publicó El Nacional)

ateneo-1Esperando el comienzo de la última función de “Cuando quiero llorar no lloro”, mi vista se detiene distraídamente en el ticket de entrada, pero la distracción se convierte de repente en una inexplicable inquietud, que finalmente  desemboca en una amarga reflexión: por fin entiendo que ese boleto tan perfectamente elaborado, será el último de una serie que se empezó a utilizar hace décadas y que a partir de la noche del 28 de junio del 2009, ese minúsculo pasaporte que servía para participar al rito del teatro desde ya,  queda inútil y obsoleto. Esta vez no lo botaré como de costumbre, sino que lo guardaré en un libro como testimonio del fin de una época.

Me pregunto: ¿En que libro  lo guardo? ¿En un libro de teatro o de historia? No sé, miro el boleto número 70575, fila I derecha número 24, observo a mi alrededor y tengo la impresión de que -al igual que yo- la gente no espera que el espectáculo comience, sino que las exequias comiencen,  un aire extraño mezclado al tradicionalmente débil aire acondicionado de la Anna Julia Rojas, flota  sobre nuestras cabezas que supongo ocupadas organizando mentalmente los recuerdos  entre nítidos y desenfocados, de tantas   noches de teatro  que son inventario de nuestras propias vidas.

El murmullo de la platea no impide que me aísle imaginando mi propia puesta en escena de despedida, del entrañable recinto. Y así recurro al infinito Shakespeare y a  su Julio César……la ocasión es propicia para recurrir al discurso de Marco Antonio en frente al cadáver de Julio César:

 

“Ciudadanos, romanos, compatriotas, escúchenme: He venido a enterrar a César, no a ensalzarlo. El mal que hacen los hombres les sobrevive; el bien suele quedar sepultado con sus huesos. Que así ocurra con César.

Bruto les ha dicho que César era ambicioso: si lo fue, era la suya una falta grave, y gravemente la ha pagado. Por la benevolencia de Bruto y de los demás, pues Bruto es un hombre de honor, como lo son todos, he venido a hablar en el funeral de César.”…….

 

Se disipa mi fantasía arrollada por un grupo musical, muy rítmico que acompaña a un  coro de una veintena de jóvenes que dan inicio a “Cuando Quiero llorar no lloro” , título que parece inventado para la ocasión, la obra sigue por muchos extensos minutos, y sigo percibiendo una atmósfera de que todos estamos a la espera de algo que no está en el escenario, pero que está allí, lo sentimos cercano y remoto. ¿Godot?

Haciendo memoria de inolvidables veladas,  vividas -en mi caso- desde la butaca y desde el escenario; cuántas tribulaciones y también gratificaciones, en la liturgia de una función de teatro, y cuán extraña es la sensación de oficiante y de  asistente a esa ceremonia.

Nunca había estado tan concentrado y tan desconcentrado  al mismo tiempo, me agobia el largo transcurrir  del espectáculo, me agobian mis recuerdos. A pesar de la sala repleta busco una brecha en busca de aire, lo logro, es una detestable acción que nunca hago y pido disculpa por ello.

La tarde, ya más noche que tarde, se enriquece con una leve brisa que viene desde el Parque Los Caobos, me pregunto: ¿Que estoy haciendo aquí?  Afuera unos obreros con unas gigantescas mangueras de alta presión, están lavando los espacios aledaños al Ateneo, daría la impresión que están desinfectando el área.

¿Que hago yo aquí?  Estoy seguro de que la brisa viene cargada de oxigeno, porque después de tantas meditaciones, tomo conciencia de  por qué estoy aquí.

Vine a rendir tributo al Ateneo, por lo que me ha dado en cuarenta años de actividad y vine a rendir tributo a mí mismo por lo que yo le he dado; indisoluble simbiosis del hacer y dejar hacer en beneficio del arte del que el Ateneo ha sido baluarte imborrable.

De nuevo miro el ticket, parece una pequeña lápida , solo le falta el epitafio, pienso en uno extraordinario, pero no es mío sino de Maquiavelo, específicamente de  “La Mandrágora”, gran éxito del año 1964 en el viejo Ateneo, es un parlamento del protagonista que dice esto: “De las cosas nacen las cosas y el tiempo las gobierna”….

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