Susurros de vida

EL INSTANTE, EL SEGUNDO Y LA BREVEDAD QUE NOS RECUERDAN QUE LA VIDA ES UN LINDO REGALO

De Oviedo a mi casa marzo 20, 2009

Filed under: Sin categoría — susurrosdevida @ 10:30 am

cienciaarbolDespués de un año de estudio a distancia, de noches sin dormir, de reflexiones, de asignaciones y lecturas (repito: de muchas lecturas) de compartir actividades y roles, llega el día de celebrar. Cada vez que escucho del montón de personas que abandonan sus estudios por las miles de razones que existen, me gustaría especificar con lujo de detalles esa sensación que se apodera del estómago y se traduce en satisfacción, orgullo y lágrimas. Hasta saltar las barreras del control cambiario se hace fácil, los problemas quedan allaaaá abajo cuando los anhelos se respetan y somos consecuentes con ellos. Después de dos años de trámites, llega de la Universidad de Oviedo mi nuevo título de Especialista en Comunicación de la Ciencia y Tecnología en Sociedad, y no pude hacer menos que pedir que lo enviaran a la dirección de todos esos desvelos, envíos por correo y tareas, para honrar con una alegría más la compañía de ese par hermoso al que debo la vida y la compañía en esta otra ocurrencia que llega a feliz puerto. Puedo garantizar que sí existen los auténticos momentos de felicidad, en su estado más puro y sin pretensiones de ningún tipo. Ando feliz por el resultado de toda esta nueva aventura intelectual que seguirá sin dudas, toda la vida.

 

28

Filed under: Sin categoría — susurrosdevida @ 10:01 am

globos_de_coloresSólo el cumpleañero puede entender la especialidad de su día. No fue cualquier miércoles de cenizas, no fue a cualquier hora, creo que hacía mucho sol, me estaban esperando, todos se alegraron, fui la primera, llegué que es lo importante y este es el motivo por el que agradezco cada día… independientemente de las incongruencias que se puedan presentar. Este mes, que sumo 28 a la lista de los muchos años que deseo vivir, simplemente quiero tener la fuerza para no caer tentada en la rutina de los días que nos llevan rápidamente de una tarea a la otra sin las especialidades. Somos seres demasiado especiales como para pasar por alto nuestro día. A pocos días del magno acontecimiento, tengo un año casi completo para esperar sorpresas y regalos. Ya sé que no todo llega el día preciso y tampoco resulta atractivo agotar en poco tiempo todos los motivos de alegrías. Aquí seguiré celebrando!!

 

Recovecos

Filed under: Sin categoría — susurrosdevida @ 9:37 am

Despierto, miro hacia atrás y no me hacen gracia mis pasos…del todo. He avanzado pero siento que las angustias también han paralizado muchos anhelos. La cotidianidad le corta las alas a los vuelos altos, o vuelos de altura, que son los que me caracterizan. Entre una situación y la otra, un aprendizaje detrás del otro, cambio de casa, cambio de ambiente, luchando por seguir en la comodidad mínima que merece cada ser humano en sus días, reflexionando sobre la mejor manera de seguir creciendo, todo hoy me deja un peso que a veces se refleja en dolor de cuello. Desde hace algunos días decidí dejar este morral de sinfín de cosas a un lado y seguir con la frente en alto. Me veo tarde, pero también es parte de la costumbre de exigirme a cada paso, así como lo exijo en mi entorno. Ha regresado de poco en poco la mujer que parece no calzar en una realidad que atormenta a ratos, que ve cada vez más gente obesa en la calle, que se pregunta qué está comiendo la gente, que ya no se doblega frente a problemas comunes y que adora estar con vida. Sé que seguiré aprendiendo, sé que la vida me seguirá mostrando las alternativas más diversas, para yo escoger no sé si el camino más difícil o más fácil, pero sí un camino. Despierto y no me reconozco tan poco sonriente, tan poco alegre y ya es hora de agarrar el timón y girar los ánimos de manera radical hacia lo mejor, lo de siempre, los chistes, la mirada tierna detrás del ogro, los besos en pleno chaparrón de agua, la luz en medio de la nube de smog. No dejo de sentir allí en una esquinita de mí, cierta incomodidad por la falta de gracia en estos pasos, pero también doy gracias a la vida por permitirme llegar hasta aquí. Por andar por las nubes uno se olvida del suelo y en este aterrizaje es hora, momento, tiempo y justo, volver a los orígenes para vivir mejor el presente.

 

El trazo en el Aire marzo 5, 2009

Filed under: Sin categoría — susurrosdevida @ 3:19 pm

Escribir con un hilo de alambre en la página del aire. misplanasverdenet

Rafael Castillo Zapata

Febrero 2009

           Ahora que ya casi nadie escribe a mano, ahora que ya muy poca gente teje, Ángel Marcano vuelve y nos devuelve al placer manual de la caligrafía y del tejido para desplegar una cadena de frases y palabras que constituyen una peculiar escritura suspendida. El placer de trazar con la aguja de la pluma una secuencia de signos hilvanados sobre la página, el placer de generar, con un movimiento regulado y armónico de la mano, el hilo de tinta que fluye a medida que el estilo avanza, horadando sutilmente la porosa piel del papel; o, también, el placer ya casi arcaico de escribir con tiza sobre la loza verde del pizarrón escolar, los traslada el artista al quehacer artesanal del articulado paciente y diligente de un hilo de alambre que se encadena como una escritura en el aire a medida que los dedos y la pinza de joyero le van dando forma sin necesidad de un soporte, como se teje una cadeneta con estambre en el ir y venir de la aguja fina que engancha, hala, ata, expande y, a partir de un hilo, en el aire, ensambla, prolongada, una red. Al hacerlo, Marcano realiza un acto de  transposición que no puede dejar de seducirnos: del plano de la página, o del plano del pizarrón –en cuya superficie, en nuestra infancia, asistimos al prodigio de ver brotar de la tiza, como en un conjuro mágico, de la mano de alguna maestra de caligrafía primorosa, los primeros signos de un idioma que habíamos oído pero que no habíamos visto y, que entonces, descubríamos encarnando en esas formas caprichosas de las letras organizadas con sus volutas, sus bucles extraños, sus tildes, sus patas de insecto, sus enjambres y sus torsiones y contorsiones en un hilo sin fin (en lo que era, sin duda, una escena ritual de iniciación al mundo)–, el artista nos lleva de la mano al volumen transparente del espacio donde nos convence de que es posible hacer del vacío un lugar de la escritura, del aire un soporte para la inscripción. Nos invita, pues, a participar de un juego donde las redes de signos entrelazados se despliegan como artilugios flotantes, como cuerpos livianísimos que proyectan su sombra hebrosa, pero enteramente inteligible, sobre las paredes en las que se reflejan. Y es que con su ejercicio caligráfico, Marcano le da a la escritura un espesor inesperado.

 

Con el alambre, no importa que tan fino sea, la escritura adquiere, en manos de Marcano, cuerpo; un cuerpo sutil cuya sombra, sin embargo, nos remite a la densidad originaria de la inscripción gráfica entendida como suplemento platónico de la voz. Esa sombra de la escritura suspendida nos hace caer en la cuenta de que ella está siempre ahí en lugar de otra cosa, como el signo lingüístico lo está: siempre como presencia de una ausencia. Nos hace caer en la cuenta de que la escritura está, pues, en lugar de la voz, y de que el signo está en lugar del objeto; esa sombra nos remite, yo diría, a la densidad semántica de las palabras que proferimos y que, habitualmente, en la escritura, nunca percibimos o perdemos de vista, distraídos, preocupados como estamos por hacernos entender o por intentar entender o descifrar lo que escribimos y nos escriben. El artista, que para eso está, nos hace cobrar conciencia, entonces, de la patencia del sentido; nos hace palpable, como sombra del fonema dicho o de la grafía enhebrada, la persistencia del sentido intuido en cada frase, en cada palabra, en cada letra. Nos hace ver, pues, lo invisible: el sentido, que sólo nuestra mente percibe en sus adentros, y que él hace persistir en esa sombra que asombra, pues, al mismo tiempo, nos invita a pensar que el sentido no es más que una sombra, que el sentido no sería sino eso que los signos proyectan en la pantalla de nuestra imaginación y que sólo vemos adentro, hasta que Marcano viene y no los hace ver, afuera. Y nos lo hace ver con palabras engarzadas al aire y al desgaire de su encadenamiento continuo o circular, escribiendo planas –es decir, ejercicios de caligrafía– que no son planas, listas de palabras que recuerdan las trazadas como penitencia a una tonta fechoría de la infancia que algún pedagogo punitivo malinterpretó e intentó remediar con aquel fastidio de la repetición sin diferencia, en el dale que te dale de una cadeneta tediosa, sino constelaciones de signos como mallas, madejas tramadas que aluden a un discurso que resuena consigo mismo, evocando tonos y sonoridades de frases dichas y oídas y conservadas en la memoria por alguna marca de alegre o triste vicisitud, de sorpresa o de complicidad. Porque lo que Marcano dibuja en el aire son las palabras amadas y sus sombras, las palabras impregnadas por el sentido que le confieren, ingeniosas, las gentes en sus quehaceres cotidianos, sus formas domésticas de referirse a una experiencia, los motes con los que aluden afectuosamente al ser amado, los dichos con que resuelven una complejidad pasajera, las fórmulas de encomendarse y recomendarse, las cláusulas denigratorias y consagratorias, los sobrenombres burlescos, las ocurrencias sagaces de una experiencia lingüística viva y poderosa.

Roland Barthes dijo en alguna parte que un calígrafo es siempre un dibujante y que la letra y el dibujo probablemente tendrían un mismo origen, acaso en la remota caverna donde nuestros antepasados no sólo descubrieron el trazo analógico del bisonte herido sino el trazo abstracto del signo como huella pura que es un nombre. No dijo, sin embargo, que un calígrafo es también un tejedor; que la escritura teje una tela; que texto significa tejido (esto sí lo dijo, pero otro contexto) y que la escritura es su tramado.  Con sus planas que proyectan sombras, es decir, con sus planas plenas de densidad semántica,  Marcano se muestra experto en todas estas artes de las que toma parte en un mismo gesto refinado y preciso: calígrafo, dibujante y tejedor de una escritura –que es escultura–  en el aire, de una escritura –que es escultura–  suspendida y que, no obstante, hace sombra, hace sentido, y tiene peso y espesor.