Susurros de vida

EL INSTANTE, EL SEGUNDO Y LA BREVEDAD QUE NOS RECUERDAN QUE LA VIDA ES UN LINDO REGALO

La abuela Nana junio 22, 2008

Filed under: Sin categoría — susurrosdevida @ 5:59 pm

Durante cinco años fui testigo del cuidado que un nieto debe brindar a una abuela. La abuela Nana tenía los ojos claros, el cabello blanco aunque le gustaba más cuando estaba pintadito y arreglado. Usaba faldas siempre, en recuerdo a su difunto esposo sólo usaba ropa muy clarita, rezaba todos los días y se tomaba las pastillas para la diabetes. Era una abuela súper dulce, tierna, preocupada por el matrimonio de su nieto con quien escribe y con el recuerdo siempre puesto en otros tiempos. En esos cinco años pude ver de cerca lo que significa envejecer, precisamente al lado de muchos hijos que por diferentes circunstancias de la vida veían la preocupación por su madre sin una verdadera ocupación, o me atrevería a decir: compromiso. Sin asumir el papel de sus hijos fue precisamente su nieto el que decididamente asumió las visitas a su abuela, los paseos por el centro comercial, las tertulias, las compras en el supermercado para que comiera lo que más le gustaba y no lo que le dieran. No sé por qué envejecer tiene que ser sinónimo de soledad, no me explico cómo puede haber tanta ausencia y tantos cambios drásticos en la vida de una persona que lo dio todo decididamente por su familia. Ese retorno de la gratitud no siempre se alcanza, no siempre se da y es una lástima porque cada persona es irrepetible. Hoy a un año de su muerte, lo más importante es saber que un poquito de ella nos acompaña diariamente, que precisamente es un incentivo extraordinario para aprender a hacer todos los dulces criollos que su nieto comió cuando estaba pequeño, las arepitas dulces de los consentimientos y las canciones de cuna que con su voz también dejó en los recuerdos. Nosotros, los que no aceptamos la muerte porque hemos sido codificados para la vida, todavía lloramos tu ausencia, tan solo espero que ya estés contenta en el lugar donde querías estar desde hace tiempo, junto a tu esposo. Yo estoy feliz por haber ganado a una abuela y vivirás conmigo y con los que vengan por muuuucho tiempo. Me despido no sin antes pedirte la bendición para mí y para tu nieto, que tanto la necesita.

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